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martes, 23 de marzo de 2010

Fuego e incienso

En la calle todo sigue igual. El mundo extraño sigue su camino.
El pobre intenta disimular, fingir ser quien no es.
Todos ven tus fallos, todos ven tus errores.

El equilibrio viene y va, como una cadencia serpenteante que no siempre puedes encontrar con la mirada.
El castigo ya esta aquí. Acéptalo y sobrevive.
No cambies, muere y vive.
Una y otra vez, la maza se alzará. ¿Quieres seguir siendo el frágil muro a derribar?

El príncipe de metal actúa y conquista, señor de la dualidad y del carro rojo que todo lo desborda.

Un cigarro antes del Apocalipsis y el cambio de conciencia.
El humo es fuego, el fuego es espíritu.
El trabajo se termina, y los ojos se amoldan a un extraño panorama.

No te lamentes por lo que ha sucedido,
y concentra tus energías en el momento presente.

domingo, 26 de julio de 2009

Mynameis

La mayoría de la gente apenas cambia a lo largo de los años.

Física, mental y emocionalmente, tendemos a ser herederos de lo que nos ocurre y lo que aprendemos en los primeros años de nuestra vida.

Ahora se habla de Marca Personal, y hablamos de etiquetas como una nueva forma de analizarnos y mejorar nuestro desarrollo profesional.
Pero corremos el riesgo de que la nueva visión y perspectiva alcanzada solo sirva para crear nuevos casilleros donde prefijarnos, nuevas jaulas para el caos de lo inestable, y lograr un espacio más para regodearnos en la autocomplacencia de nuestros propios errores y defectos.

-Yo soy así - dice el necio. Y el resto del mundo sonríe y asiente, satisfecho y tranquilo...

El Mundo es complejo y dinámico, en constante cambio. Y una marca personal que no sea lo sufientemente abierta y multidinámica para adaptarse a él solo servirá para limitar nuestra propia eficiencia , ponernos de nuevo las trabas que, parece ser, nos acompañan como pegajosos familiares durante todo nuestro camino vital y, en esencia, lastran la evolución a la que tenemos derecho.

Y ahora olvida. Emborráchate de ruido y dime, querido amigo: ¿QUIEN es tu nombre?

martes, 4 de noviembre de 2008

Mil trescientos ono

Ono.
Mensajes publicitarios suenan en la televisión de la cocina:
Ono es como las cosas buenas.

El Contrato Emocional...
E.R.E. Expediente de Regulación de Empleo.

El Capital Emocional...
Reajuste de plantilla: Hasta 1.300 trabajadores se pueden quedarse en la calle.

La Moral de la tropa, el Espíritu de grupo...
...Y tantas otras "zarandajas" que a la hora de la verdad, el que decide opta por meter en el tercer cajón, junto con el "Quizás" y el "Hasta luego"...

¿Qué queda del capital emocional, cuando transformas al "cliente interno" en el "enemigo interno"? Menos que nada. Agujero negro en el clima laboral.

Quiero pensar que hay suficiente espíritu práctico como para reconciliar las opciones posibles y confío - esperanza, no me abandones - en que un día cercano las empresas encontrarán su lugar en el sistema, más allá del papel como agentes de la oferta y la demanda de bienes y servicios.

Mientras tanto, en la calle sigue el sonido del trueno (Histeria/Crisis/Fatalismo), en estos días de humo y fuego.

Mal tiempo para sueños y anhelos, me temo.