Te miro a los ojos y creo reconocerte.
Conozco a los de tu ralea.
Cobardes, con miedo a cambiar. Duda y humo.
Tan temerosos de dar el salto que permanecen toda la vida encogidos, pasando de un fracaso a otro.
El miedo a lo desconocido te amordaza, te paraliza, y prefieres morir a enfrentarte a tus demonios.
La rabia surge de mi interior. Un grito sordo que intento acallar sin éxito: ¡Te desprecio!, ¡te desprecio!, ¡te desprecio!
El rumor de mi decepción llena la sala, y deja tras de sí paz y lucidez.
No queda nada más entre nosotros. Nada antes del adiós.
Solo restan dos cuestiones para resolver la duda. dos incógnitas de poca importancia antes de separarnos para siempre.
Quién eres tú. Y que coño haces en mi espejo...
Y la sombra desapareció.
Hace 17 años