Los avances se acumulan, el progreso se acelera, formando un haz de imágenes que resulta difícil seguir desde fuera.
El desarrollo científico viaja a la velocidad de la luz, pero la cultura popular y la psique de la masa no puede seguir dicho ritmo.
Vivimos limitados por las restricciones de nuestro cuerpo y nuestra conciencia, en un horizonte de avance rápido que hace tiempo que nos ha sobrepasado. En dicha circunstancia, abrumados por los cambios, somos náufragos del mar de la información, navegantes de la incertidumbre.
Las nuevas generaciones no tienen miedo.
No tienen tensiones ni estructuras preconcebidas.
El mundo gira a diferentes velocidades, y en la metrópoli, el cerebro de algunos se convulsiona espasmódicamente, a intervalos regulares. Una extraña epilepsia cultural adaptativa. Nada excesivamente problemático, en los albores de la nueva era.
Hace 17 años