domingo, 9 de agosto de 2009

Dentro del perimetro

La lluvia caía indolente en la superficie de cemento y alquitrán de la base, formando charcos irregulares.

Rubén fumaba en la noche, a escasos metros de la entrada norte del edificio central, junto con uno de sus compañeros.
Los trajes impermeables de color verde resultaban demasiado grandes e incómodos y ocultaban de manera periódica las facciones de los técnicos. Objetivamente y bajo la luz del tenue foco, pensó el joven, debían tener aspecto de auténticos gilipollas.

-He presentado mi carta de renuncia.- Reveló Sergi -El próximo mes regreso a casa.

La noticia explotó como una granada en el ánimo de Rubén.
-Esa es una noticia de mierda.- Le acusó, intentando establecer contacto visual: Sergi se mostraba indiferente y cansado.
-Supongo. Me he cansado de viajar y mojarme el culo.- Su rostro se ganó la empatía de su interlocutor, que terminó por asentir comprensivo. -Te echaremos de menos.

Ambos hombres se observaron en silencio.
Rubén recordaba una docena de historias y anécdotas. Toda la pandilla usando los proyectores holográficos de Formación para ver la liga de futbol mundial, Sergi y él hackeando los cortafuegos y barreras corporativas para hablar vía Net con sus familias...
A distancia vio a Mike, el jefe de seguridad del proyecto, dando una revisión rápida al perímetro, comprobando las alambradas y los sensores.

Sergi retomó conversación, incomodo con el silencio. -En realidad pensé que tú también te irías. Después de lo de Diego.

-El intento de suicidio de Diego fue una mierda muy grande.
Fallo de selección, error de Recursos Humanos. Llueve sobre mojado.- Sergi pareció disfrutar de la crítica a los memos de la estructura corporativa, y rió calladamente, echando la cabeza hacia atrás.

Una vez recuperó el equilibrio, prosiguió el hilo:
-Este proyecto es basura y lo sabes. Hace semanas que este lugar se esta viniendo abajo.
-Un proyecto de mierda en un lugar de mierda. ¿Que hay de nuevo? ¿Sabes como estaban las apuestas en la central cuando vinimos? 5 a 1 a que este asunto caía en dead end antes de 3 meses. Y lo hemos hecho, joder. Durante un año. Todos los putos días...

Esta última parte pareció devolver el ánimo a su compañero, que esbozó una sonrisa torcida. -Somos buenos, ¿verdad?
-Somos buenos, joder. Jodido brillo condensado y encerrado en trajes baratos...
Su compañero volvió a reír, con ganas, olvidando la selva, los reportes y demás basura. Rubén mantuvo una sonrisa franca y triunfante.
Le gustaba ver reír a su amigo. Le hacía sentir menos frío en su interior.

En la periferia de su rango de visión creyó ver un conejo gigante de color amarillo. Un pequeño escalofrío le sacudió.
Quizás no sea nada, se dijo. Quizás solo sean los efectos secundarios de la droga estimulante que llevamos consumiendo desde hace meses.
En cualquier caso, ver Bugs Bunny gigantes no tenía importancia. Ninguna importancia.
En las últimas semanas había visto cosas peores.

Sentía que la paranoia se iba convirtiendo poco a poco en su traicionera compañera de cama. Y para colmo, al paso que iban las cosas, dentro de poco ni siquiera tendría nadie con quien salir a echar un cigarro a las 2 de la mañana...

Jodido, ¿verdad?

domingo, 26 de julio de 2009

Mynameis

La mayoría de la gente apenas cambia a lo largo de los años.

Física, mental y emocionalmente, tendemos a ser herederos de lo que nos ocurre y lo que aprendemos en los primeros años de nuestra vida.

Ahora se habla de Marca Personal, y hablamos de etiquetas como una nueva forma de analizarnos y mejorar nuestro desarrollo profesional.
Pero corremos el riesgo de que la nueva visión y perspectiva alcanzada solo sirva para crear nuevos casilleros donde prefijarnos, nuevas jaulas para el caos de lo inestable, y lograr un espacio más para regodearnos en la autocomplacencia de nuestros propios errores y defectos.

-Yo soy así - dice el necio. Y el resto del mundo sonríe y asiente, satisfecho y tranquilo...

El Mundo es complejo y dinámico, en constante cambio. Y una marca personal que no sea lo sufientemente abierta y multidinámica para adaptarse a él solo servirá para limitar nuestra propia eficiencia , ponernos de nuevo las trabas que, parece ser, nos acompañan como pegajosos familiares durante todo nuestro camino vital y, en esencia, lastran la evolución a la que tenemos derecho.

Y ahora olvida. Emborráchate de ruido y dime, querido amigo: ¿QUIEN es tu nombre?

sábado, 11 de julio de 2009

Los pecados del padre

Por mi mente vagan fantasmas catódicos, imágenes de otros días. Escenas de películas sobre la pasión y muerte de Jesucristo, mezcladas en mi inconsciente con las charlas que nos daban en la parroquia los domingos por la tarde.

¿Has oído esta historia? Un amigo de un amigo me contó de cierto tipo, de firme educación católica.
A Ernesto (llamémosle Ernesto. Ernesto es un nombre mal aprovechado...) le dolían de vez en cuando las muñecas. Una molestia irritante, que solía venir después de una noche de borrachera, una dura discursión o una jornada de trabajo especialmente estresante.

Finalmente, y ya que los médicos no lograban darle solución alguna, terminó acudiendo a un curandero africano.

El chamán le preguntó sobre su infancia. Sobre sus padres y sus abuelos. Tras ello le hizo sentarse con las manos sobre las rodillas, le hizo fumar tabaco de algún tipo y, ayudado por una música relajante con notas tribales, le hizo entrar en trance.

Durante unos 10 minutos se dedicó a peinar su aura con las manos. Por último, con cuidado y firmeza, le cogió una de las muñecas y le sacó "algo". Después hizo lo mismo con la otra muñeca. Ernesto no sabía qué había hecho, pero se doblo de dolor y vomitó en el suelo.

El curandero le explicó que sus padres y profesores, con toda su superchería le habían hecho identificarse con el martirio de su "salvador", y que tras tantos años aún llevaba la huella energética de los clavos de cristo en su propia anatomía.
Así, cada vez que pecaba, su sentido de culpa le atormentaba, y se manifestaba de manera física, con dolor y sufrimiento.

Ernesto lloró durante más de 20 minutos, encogido en el suelo, a centímetros de su propio vomito. Una vez recuperado, le dio las gracias al chamán, le pagó y se fue.
Nunca más volvió a tener dolores...

Somos esclavos de nuestra cultura. Herederos de los pecados de nuestros padres.

¿Que ocurrirá cuando la avalancha nos alcance? Cuando todos los dioses y profetas de nuestros padres desaparezcan, como las huellas en la arena.

Quizás lloremos durante meses, años, y finalmente nos alcemos, más brillantes que nunca, y sigamos avanzando.
Quizás seamos tan cobardes que creemos nuestros propios mitos, nuestras propias supercherías a las que encadenarnos, y a las que clavarnos.

Yo hago la pregunta.
Que cada cual busque sus propias respuestas.

miércoles, 1 de julio de 2009

Scroll

Los avances se acumulan, el progreso se acelera, formando un haz de imágenes que resulta difícil seguir desde fuera.
El desarrollo científico viaja a la velocidad de la luz, pero la cultura popular y la psique de la masa no puede seguir dicho ritmo.

Vivimos limitados por las restricciones de nuestro cuerpo y nuestra conciencia, en un horizonte de avance rápido que hace tiempo que nos ha sobrepasado. En dicha circunstancia, abrumados por los cambios, somos náufragos del mar de la información, navegantes de la incertidumbre.
Las nuevas generaciones no tienen miedo.
No tienen tensiones ni estructuras preconcebidas.

El mundo gira a diferentes velocidades, y en la metrópoli, el cerebro de algunos se convulsiona espasmódicamente, a intervalos regulares. Una extraña epilepsia cultural adaptativa. Nada excesivamente problemático, en los albores de la nueva era.

sábado, 20 de junio de 2009

Arañando la superficie

Max Michael se rascó la espalda en la cocina, aún descalzo y sin camisa, mientras preparaba tostadas en la nueva Thermomix.

Esta mañana no le apetecía el Net-media mientras desayunaba. Deseaba aislarse durante unos minutos de las noticias globales y la música pop de los últimos 30 años.
La marea le alcanzaría de camino al trabajo, en el transporte público, desde luego, pero por un momento se sentiría parcialmente dueño de su mente y eso le agradaba.

Así pues, optó por probar el Lector Onírico que su novia le había comprado hacía una semana. Apartó un par de bolsas vacías abandonadas sobre la encimera para alcanzar el dispositivo principal, y sostener entre sus manos el aparato con formas suavizadas, de color metalizado.

- Elena ya sabe que mi color favorito es el negro - pensó fastidiado.- Ha elegido este modelo solo para putearme...

Una pequeña victoria para su amante. 1-0 a las 7 de la mañana.

Pulsó el botón de Actualización, y la pantalla de plástico SAW mostró un incomodo reloj de arena en alta definición, mientras el aparato cargaba los datos del dispositivo receptor instalado en su dormitorio.

Seleccionó el periodo de los 3 últimos días, y el programa le dio a elegir varias opciones de lectura.

El formato informe le atraía, pero optó por ser aventurero, y pulsó en la pantalla táctil el formato lírico, que tanto llamaba la atención en los anuncios del Net-media.

Segundos después, una modulada y agradable voz artificial le cantaba una versión parcialmente lírica de sus "Greatest hits" oníricos.

Esta empresa no tiene alma, ni sitio donde llorar.
El silencio apaga el llanto, pero no las ganas de despertar.
Los seres se revuelven, inquietos, dudando por el porvenir mientras la cabeza se separa del cuerpo,
orgullosa e indiferente a las otras partes.
Lleva lagrima y sonrisa pintadas a negro en el rostro,
como un jodido mimo.
Buscando las monedas del público, y aplausos que no se merece.


Max Michael colocó las tostadas en un plato de cristal descolorido y sorbió el café de la taza, pensativo.

-Demasiado poético para mi gusto- Afirmó irritado al aparato. Para colmo, el aparato ni siquiera tenía programas de registro de voz, y se mantuvo ahí parado en la encimera, como un pequeño animal autista incapaz de responder a sus acusaciones.

Acudió al cuarto de estar y buscó su Blackberry con la mirada, explorando la habitación. Le enviaría un mensaje insidioso a Elena, quejándose por el regalo.
Así equilibraría las cuentas en el partido cotidiano de afrentas y recriminaciones que llevaban desde hace meses.

1-1. Pensó, con una sonrisa traviesa en el rostro.
La mañana iba a ser larga.

martes, 16 de junio de 2009

La duda y el fuego

Te miro a los ojos y creo reconocerte.
Conozco a los de tu ralea.

Cobardes, con miedo a cambiar. Duda y humo.
Tan temerosos de dar el salto que permanecen toda la vida encogidos, pasando de un fracaso a otro.
El miedo a lo desconocido te amordaza, te paraliza, y prefieres morir a enfrentarte a tus demonios.

La rabia surge de mi interior. Un grito sordo que intento acallar sin éxito: ¡Te desprecio!, ¡te desprecio!, ¡te desprecio!
El rumor de mi decepción llena la sala, y deja tras de sí paz y lucidez.

No queda nada más entre nosotros. Nada antes del adiós.

Solo restan dos cuestiones para resolver la duda. dos incógnitas de poca importancia antes de separarnos para siempre.

Quién eres tú. Y que coño haces en mi espejo...

Y la sombra desapareció.

viernes, 5 de junio de 2009

Enajenamiento cotidiano

El sonido de la calle. las vibraciones de la vida moderna.
Un mundo que respira es un millón de probabilidades en movimiento.

¿Quién sueña al soñador?
Acaso la ciudad tiene sueños de ajetreos y penurias, transporte y atascos.

Y nosotros, ebrios de ignorancia, cumplimos nuestro papel: Corremos, luchamos y reímos, creyéndonos los reyes del tinglado.